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CARTA AL CIELO

Dicen que tienes que estar en un lugar bello y maravilloso, madre de mi corazón. Esa idea me gusta mucho, pero no lo se. Quisiera creerlo con certeza, como esa certeza que me decías que tu también hubieras querido tener como lo tiene tu hermanita y otras personas religiosas quienes aceptan y creen por fe en esa vida eterna. Como te digo, no lo pongo en duda, admiro a esas personas tanto como tu. Sin embargo, como tu, me gusta creer y dejar de creer. A pesar de que esa incertidumbre a veces es tortuosa (y sí que lo es para mí en este dia), el hecho de que nunca me obligaras a aferrarme a una idea fija sobre algo, me ha permitido abrir mi mente a tantas otras opciones. Sí que existen ideas maravillosas en los pensamientos y creencias de las diferentes culturas y visiones del mundo y de la vida de los seres humanos. Es ese misterio misterioso lo que nos mantiene buscando, es lo que nos mantiene en constante crecimiento no crees? Se que tú estuviste en esa búsqueda madrecita adorada, y lo que más me enseñaste sobre lo que realmente significa encontrar la paz y significado   es en amar incondicionalmente. Lo que buscabas en una idea lo vivías en cada uno de tus gestos amorosos. Me haces tanta falta.

Este año es el primer año que estaré en casa después de la dolorosa partida tuya. Algunos creen que los últimos dos años me he escapado del dolor al “huir” de casa para Navidad. Pero ¿Cómo se huye del corazón roto? ¿Cómo se escapa del dolor de nunca más escuchar tu voz y de sentir tu abrazo amoroso? No hay manera de escapar de eso…   Sin embargo, otra cosa que me enesñaste fue la habilidad tan espontánea que tenías para disfrutar de todo lo bello. El conocer lugares nuevos, ver las sonrisas de tus adorados nietos, probar sabores nuevos, y visitar a tu adorada Angela. Todas ellas fueron maneras de recordarte y sentirme acompañada de lo que tu corazón amaba.

Pues este año estoy en casa. En una casa llena de amor pero con un gran, enorme y espantoso vacío. He cumplido con cada uno de tus detalles. Las galletas están todas hechas. Cada una trae ese sabor delicioso que amé desde que tengo noción de memoria. Esa delicia de la mantequilla con azúcar batida a mano. Recuerdo tus manitas adoloridas que masajeabas en cada momento de pausa. Gracias a tu regalo de mi maravillosa batidora, no tengo que sufrir de esa manera, me quedan unicamente los momentos de silencio en los que formo las bolitas, corto formitas de todos los animales del bosque, estrellas y por supuesto, corazones de todos los tamaños, y traigo a mi recuerdo esas trades y noches en los que no te cansabas de adularme en mi paciencia para hacerlas así pequeñitas como te gustaban.

Sabes? Hicimos casitas de gengibre con tu receta de las galletas de miel. Cortamos cada pared y cada techo con cuchillo. Fue una odisea pero quedaron deliciosas. Junté a tus adorados nietos para armarlas y decorarlas. Todos fueron unos arquitectos maravillosos y diseñadores estupendos!!! La pobre Nikki sufrió al ver la casita de ellas tres colapsar por tanta Nutella y gomitas que le pusieron a sus techos.  Como siempre, ella nos trae risas y carcajadas. La sangre tuya que corre en las venas de cada uno de tus nietos hizo posible que a pesar del desagradable sabor a fracaso, sus primos la halagaran con abrazos, ayuda y por supuesto mucho amor y aceptación. En una corrida a la cocina a traer paletas para poder sostner la casita se trabó a una paleta el cucharón que me regalaste. Este cayó al suelo haciendo un pequeño extra escándalo. Eras tu? Era esa la manera en la que te hiciste presente para ayudar a tu adorada Nikki? No lo se. Pero me gusta creer que así fue. Estuviste presente madre adorada, entre todos tus nietos (menos Jose quien nos hace tanta falta).

Temo, que las únicas galletas que no hice fueron tus favoritas. Si….las de anís duras. Las que te llevaba después de la Navidad que a nadie le gustaban por ser tan duras. Recuerdo la felicidad con la que recibiás ese bote. Me decías que te gustaban porque te servían de digestivo despues de tus comidas. Veo tus manitas remojándolas en el te para suavizarlas un poco. Reíamos cuando te decía que solo una gordita podía creer que una galleta podía ser algo digestivo. Pero te las comías con las mismas ganas y placer. Esas galletas… esas… no las pude hacer aun. Ese sabor digestivo, aun me revuelve por dentro con solo el recuerdo.

Fui a visitar a tu hermanita. Ella me hizo un desayuno delicioso y nos sentamos en su comedor que ya te imaginarás tan bellamente adornado. A la izquierda estaba un regalito, con una tarjetita escrita con su letra inigualable que decía “el angelito quiere que lo cuides”. Me contó la historia de ese angelito. El angelito de la abuelita Adelita que siempre deseaste. Ella sin conocer tu humilde deseo se lo regaló a tu hermana.  La tia al conocer tu deseo, te lo regaló un año. Transcurridos los años, tu se lo volviste a regalar a ella. Este año, tuve la suerte de que ella me lo regalara a mi. Ese angelito que capturó tu corazón está hoy en mi vitrina. Que dicha! En él tengo a mi abuelita, a mi tía y a tu humilde corazón. Todos los días lo veo a través del vidrio que lo protege y sonrío. Me hace tomar conciencia de tu capacidad de dar a otros lo que mas amabas. Además, tu humildad y tu sencillez tan característico, vivo para ser como tu en ese sentido madrecita. Cómo eras de bella. No existe nadie como tu.

Los domingos de adviento ya han pasado. Respiré profundo cuando encendí las cuatro candelitas el último domingo. Melanie con sus intrumentos de musicoterapia trajo un agregado especial para los rítmos y acompañamientos de nuestras tradicionales canciones, pero tristemente ningun instrumento pudo sustituír tu inigualable voz de angel que siempre nos daba la entonación adecuada y el sonido dulce que nos abrazaba por dentro. Esa luz de candela que nos acompañaba durante las canciones eras tu. Esa certeza si tuve. No se porque. Solo la sentí. Quizá esa es la certeza que sienten los que creen. No lo se. Quizá.

El pavo está en salmuera. Mis tendencias vegetarianas fueron grandemente puestas a prueba. Fue horrible… H O R R I B L E sacar el corazón del pavo, lavarlo y cocinarlo… quería llorar!!! Su pescuezo doblado en dos!!!!… Madre pura que masacre!!! De verdad quería llorar. Y luego me recordé de la película de Como Agua para Chocolate, el dia que ella lloró sobre las codornices y luego todos terminaron vomitando por haber comido la tristeza profunda de ella. Ese recuerdo de vómitos comunales ayudó a que pudiera respirar profundo y absorber mis lágrimas. Hice una pausa, me imaginé al pavito con vida y le brindé una reverencia. Le di gracias., lo hice mi amigo y lo prepare con tu receta. Huele delicioso, es el aroma de tu casa de cada 23 de Diciembre.

Mañana es Navidad. No me anticipo a nada. Caminaré hacia la hora de la cena lo más lento posible. Pondré el mantel que me regalaste. Me vesitré con un sueter rojo, como el que tenías esa última Navidad en que estuviste con nosotros. Brindaremos con jugo de uva… si, ese sin alcohol porque también me enseñaste a que las lágrimas no pueden anestesiarse, solo se derraman para volver a la calma. Vendrán muchas de ellas estoy segura madrecita, así como vienen en lo que escribo estas líneas. Pero ellas, cada una de ellas son un amoroso recuerdo de lo que fuiste y de lo que continúas siendo hoy y todos los días en mi corazón.

FELIZ NAVIDAD MADRECITA ADORADA.

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